“Alguien tiene que hacerlo”, declara Nina (Ia Sukhitashvili) cuando es cuestionada sobre los abortos ilegales que practica en una región rural de Georgia. En su nueva y opresiva película, Dea Kulumbegashvili ofrece otra dura mirada al conservadurismo en su país y a la forma en que este controla la vida de sus habitantes, especialmente de las mujeres. En esta obra claramente proaborto, la cineasta georgiana hace un estudio de personaje poco convencional que desnuda emocionalmente a una protagonista que parece llevar la carga más pesada del mundo, sin importarle el riesgo que corre o el impacto que esto tiene en su espíritu. Con una atmósfera fantasmagórica y una serie de larguísimas secuencias que sumen al espectador en un constante estado de malestar, April (Ap’rili, 2024) se infiltra en la mente y el cuerpo dejando una sensación de absoluta desolación.
La cinta —coproducida por Luca Guadagnino y ganadora del Premio Especial del Jurado en el Festival de Vanecia— abraza la visceralidad desde el inicio con una toma cenital que captura un parto en tiempo real. Kulumbegashvili, sin rodeo alguno, establece el conflicto a partir de este momento: una obstreta-ginecóloga es acusada de negligencia después de que una paciente y su bebé mueren, lo que pronto amenaza con exponer sus actividades ilícitas. La directora y guionista, a través de un lúgubre enfoque casi documental, concibe un personaje impenetrable y estoico; lo sombrío de las imágenes y sus expresiones hablan de una mujer visiblemente consternada y hasta cierto punto despojada de cualquier esperanza o pizca de felicidad. “No hay lugar para nadie en mi vida”, responde cuando un colega le advierte sobre las posibles consecuencias de que sea descubierta. Nina emerge como una fuerza salvadora cuyo único propósito es ayudar a las demás; su bienestar es irrelevante. La lucha entre ley y moral la consume.

Kulumbegashvili, poniendo en práctica una puesta en escena hanekiana —tal y como hizo en su ópera prima, Beginning (Dasatskisi, 2020)—, apuesta por una mirada fría y hasta cruel de los acontecimientos; esta visión desde lejos vuelve la experiencia todavía más inquietante. La iluminación focalizada en los cuerpos, las composiciones y las posteriores secuencias de abortos crean un ambiente enrarecido que realza el paulatino pero seguro quiebre psicológico que vive, el cual trata de aliviar superficialmente con sexo casual y hasta violento. Con pocos diálogos, Kulumbegashvili se entrega por completo a los visuales para lograr transmitir la desesperanza que rodea a Nina y a las mujeres a las que trata de ayudar. La actuación de Sukhitashvili es fundamental en este sentido, pues aunque los planos cerrados no existen en la cinta, su devastación resulta evidente a través de sus movimientos y tono de voz.
April, por supuesto, pinta un panorama muy oscuro sobre la sociedad patriarcal en Georgia, donde, a pesar de que el aborto es legal hasta las 12 semanas, la mayoría de las clínicas se niegan a realizarlos por cuestiones religiosas. Las visitas médicas de Nina durante el filme dejan al descubierto casos de niñas obligadas a casarse siendo menores de edad, falta de pastillas anticonceptivas y violencia machista. La protagonista hace frente a esta hostilidad casi como una heroína renuente; la empatía y el estoicismo la definen, pero también un aura pesadillesca se hace palpable cuando la realizadora la transforma en una especie de despojo monstruoso. Con una lírica visual perturbadora, Kulumbegashvili nos muestra su vacío interno.

Al final de April, uno de los superiores, irónicamente, hace referencia a vencer la desesperanza con ayuda de Dios; inmediatamente después, un pájaro se estrella en una ventana. Con su segunda película, Dea Kulumbegashvili materializa nuevamente las frustraciones sociales de una sociedad confrontada diariamente con las presiones religiosas y patriarcales que atentan contra las minorías y los cuerpos femeninos. Mientras que sus compatriotas de origen, como Levan Akin y Alexandre Koberidze, retratan con más optimismo a su patria —o la de sus padres— y sus problemas, Kulumbegashvili no se tienta el corazón y se adentra en lo más aciago, haciendo suyas de paso las influencias de otros notables autores europeos como Cristian Mungiu —inmediatamente viene a la mente la magistral 4 Meses, 3 Semanas, 2 Días (4 Luni, 3 Săptămâni și 2 Zile, 2007)— y Lars von Trier. Un cine deprimente con serias implicaciones sociales.
April está disponible en MUBI.









