El “Twisted Childhood Universe” nació como una broma de mal gusto. Apropiándose de queridos personajes infantiles de dominio público, Rhys Frake-Waterfield ha creado un sangriento universo de Serie B que planea culminar con un evento crossover al estilo de Avengers. Pinocho: El Lado Oscuro (Pinocchio Unstrung, 2026), la entrega más reciente, por supuesto, no es buena, pero, curiosamente, resulta muchísimo más entretenida e interesante que el aberrante remake live action que Disney hizo hace unos años. Aun con varias cuestiones problemáticas, un terrible CGI y una ridícula historia, la película es el claro ejemplo de una tan mala que es buena. Y eso no es todo, pues el dilema en el que mete a su protagonista da pie a una construcción dramática sumamente retorcida que los fans del terror apreciarán.
Esta versión de Pinocho toma como base el cuento original universalmente conocido y le agrega una capa de oscuridad, villanos inesperados y una extremadamente abundante dosis de gore. La trama sigue a James (Cameron Bell), un jovencito víctima de bullying que se hace amigo de un ser de madera que encuentra su abuelo (Richard Brake). Casi como todos los títulos del TCU, estamos ante un slasher hecho y derecho que, sin embargo, abraza la faceta más camp posible y se entrega por completo a una comedia negra llena de chistes subidos de tono, contenido erótico y escenas bastante gráficas. Obviamente, esto conlleva aspectos muy cuestionables que van desde la objetificación de la mujer hasta instantes supuestamente cómicos que parecen escritos por un adolescente —como cuando Pinocho (Jude-Evan Lloyd) le pregunta a James qué es un pene mientras este último le enseña qué es un ser humano—.

Desde que comenzó este proyecto, Frake-Waterfield ha buscado mejorar su oficio en cuanto a efectos prácticos se refiere. No lo ha conseguido todo el tiempo, pero lo que ha logrado en esta ocasión es notable. Las vísceras, los órganos, las mutilaciones y demás asesinatos son verdaderamente un reto para el estómago. En una escena, por ejemplo, Pinocho le despelleja el rostro a un sujeto y luego le extirpa sus órganos para ponérselos a sí mismo —en su búsqueda de convertirse en humano—. El títere principal convence igualmente mientras lo vemos físicamente; otra historia es cuando el CGI se apodera de él.
El Lado Oscuro se toma muy en serio este subtítulo, pues cuando conocemos a Pinocho, bien podría ser el mismo personaje que el de cualquier otra versión. Sin embargo, la manipulación en la que cae y una brújula moral completamente alterada, poco a poco, lo vuelven en una máquina asesina que, curiosamente, solo quiere lo mejor para James. Este niño de madera podría definirse como una versión “más inocente” de Chucky mezclada con el sadismo justiciero de Jigsaw y la obsesión insana de M3GAN —como dato curioso, el legendario Robert Englund da voz al malvado Pepe Grillo de este universo, aunque su participación es limitada—. El concepto incluso va más allá con una secuencia realmente inquietante en la que lo vemos adoptar, efectivamente, su lado más oscuro. El momento es verdaderamente desconcertante.

Pinocho: El Lado Oscuro es narrativamente predecible y básica en la mayoría de los sentidos, pero si hay una cosa que debamos reconocerle a Frake-Waterfield, así como hizo en Peter Pan: Pesadilla en la Tierra de Nunca Jamás (Peter Pan’s Neverland Nightmare, 2025), es su compromiso con el tono. Se trata, claramente, de uno de los mejores momentos del TCU hasta ahora. Está por verse si la llamada Poohniverse puede ofrecer algo que la supere.









