Así como Zona de Interés (The Zone of Interest, 2023), películas como Nuremberg: El Juicio del Siglo (Nuremberg, 2025) —desde un ángulo completamente distinto, claro está— intentan comprender el mal latente en la humanidad. En una época en la que el fascismo extiende su sombra por todo el mundo una vez más, el cine continúa siendo un canal no solo para entender el presente, sino también el pasado: ¿por qué llegamos a este punto de nuevo? ¿No aprendimos nada? Como su nombre lo indica, la cinta en cuestión retrata los famosos Juicios de Nuremberg, en los que 22 oficiales del Alto Mando Nazi fueron enjuiciados por sus crímenes contra la humanidad. No hay algo particularmente desastroso en ella; sin embargo, la ejecución se siente automática y artificial buena parte del tiempo y diseñada para seducir a los votantes más veteranos de la Academia en busca de una nominación al Óscar. A pesar de sus nobles intenciones de poner sobre la mesa lo familiar que resulta todo lo que el nacionalsocialismo representaba apenas terminada la Segunda Guerra Mundial, Nuremberg está lejos de impresionar o dejar una marca como la de la devastadora obra de Jonathan Glazer.
La cinta se divide en dos partes. En la primera, el psiquiatra militar Douglas Kelly (Rami Malek) debe evaluar mentalmente a los prisioneros, entre ellos Hermann Göring (Russell Crowe), el segundo hombre más importante del círculo nazi. Esta se vale de un vínculo inesperado entre Kelly y Göring, que recuerda por momentos al de Clarice Starling y Hannibal Lecter en El Silencio de los Inocentes (The Silence of the Lambs, 1988) —aunque sin la carga de terror psicológico de por medio, que más bien se desenvuelve aquí como drama/thriller— o el de los protagonistas de Crimen Perfecto (Fracture, 2007). La segunda, por supuesto, es el clásico drama legal en el que vemos cómo se llevaron a cabo los juicios que, finalmente, condujeron a la sentencia definitiva. James Vanderbilt —director y guionista— canaliza a su Aaron Sorkin interior para construir el relato a partir de una gran cantidad de rápidos diálogos, buscando así modernizar el clásico El Juicio de Nuremberg (Judgment at Nuremberg, 1961). Sin embargo, el resultado, al menos narrativamente, luce más como una entrega del MCU que como, digamos, la nueva Hombres de Honor (A Few Good Men, 1992).

Pero sí hay algo que destacar de Nuremberg es Russell Crowe, quien respira su enésimo aire para entregar un antagonista que muy fácilmente pudo haber caído en la caricatura. Trabajando muy bien su acento e incluso logrando el objetivo del guion de ofrecer una representación multidimensional de un hombre narcisista y adicto a las drogas. Las escenas que sostiene con Malek se convierten en un interesante duelo psicológico que, momentáneamente, explora conflictos morales y éticos cuando Kelly se ve entre la espada y la pared al ser presionado por su gobierno, que desea ganar el próximo juicio a como dé lugar. Desafortunadamente, Malek, cuando no tiene a Crowe al lado, vuelve a dejar muchas dudas como actor; el británico se deja llevar por el melodrama, que Vanderbilt también incentiva con un guion básico y una dirección mediana.

Nuremberg: El Juicio del Siglo, además, roza un poco la pena ajena con líneas como “Bienvenidos a Nuremberg” —cuando llegan los prisioneros—, algunos monólogos grandilocuentes y el típico instante en el último acto en el que, cuando parece todo perdido, alguien de la nada salva el juicio con una inesperada participación. Si bien Vanderbilt consigue integrar un perturbador paralelismo con nuestra era y hablar acerca de la expansión de la ideología nazi, la estructura “Wikipedia” de la película hace que el filme se asemeje más a una anticuada clase de historia, lo que impide que la parte psicológica, que trata de indagar en las características de la maldad y su origen en el individuo, quede solamente en lo superficial. La desmitificación de estos personajes históricos se queda a la mitad.









