Hay una escena en La Voz de Hind Rajab (Ṣawt Hind Rajab, 2025) en la que Omar (Motaz Malhees), uno de los voluntarios de la Media Luna Roja que atendió el horrible caso de la niña Hind Rajab, le reclama a su jefe la decisión de este de divulgar los audios de la llamada de auxilio para presionar a las autoridades y lograr que puedan rescatarla de los ataques de las Fuerzas de Defensa de Israel: “¿Crees que les importarán unos audios cuando las redes sociales están llenos de fotos de niños destrozados en la calles y aun así no pasada nada?”. En su nueva película, Kaouther Ben Hania recupera la historia del asesinato de la pequeña palestina de 5 años, precisamente, en busca de sensibilizar nuevamente al mundo sobre el genocidio en Gaza, esto sin recurrir a ningún tipo de explotación que atente contra la memoria de las víctimas inocentes. Se trata de un ejercicio dramático sencillo que, sin embargo, alberga un poderoso mensaje de concientización.
Ya desde su cinta anterior, la también nominada al Óscar Four Daughters (Banāt Olfa, 2023), Ben Hania mostraba su interés en jugar con la ficción dentro de la realidad, construyendo un documental sobre unas jóvenes que se enlistan en ISIS. Para sustituir a las hijas ausentes, la directora trajo actrices profesionales, y así fue armando el relato. Nuevamente, la tunecina utiliza un recurso similar, recreando lo acontecido al interior de la Media Luna Roja de Palestina cuando recibieron el llamado de auxilio de la familia de Hind. Utilizando las grabaciones originales, Ben Hania despliega una docuficción en forma de crónica que muestra la desesperación y la tensión entre los voluntarios, imposibilitados de asistir a la niña debido a las restricciones israelíes. Con la ficción, la realizadora nos da un tremendo golpe de realidad y nos recuerda lo que realmente ocurre en el país invadido.

El trabajo de montaje, entonces, se convierte en el corazón de la película; la mezcla entre los audios de Hind y de los voluntarios con los diálogos de los actores da como resultado un desolador intercambio de emociones que se siente orgánico y creíble. Aunado a ello, hacia el final, Ben Hania y su equipo ponen en práctica un recurso técnico muy interesante que, de nuevo, crea una conexión entre realidad y ficción. Mientras vemos a los voluntarios resignados tratando de entender lo que pasó, alguien sostiene un teléfono para grabarlos, pero en la pantalla de este vemos a los voluntarios reales, que fueron captados también en ese fatídico instante. La frustración y el desconsuelo trascienden la pantalla grande por medio de una metanarrativa particularmente potente. Y aunque antes de los créditos se muestran los típicos videos y fotos de los hechos reales, en esta ocasión sí que tiene sentido: la realidad no puede ser desestimada.

La Voz de Hind Rajab evita caer en la explotación o el sensacionalismo; no hay actriz que interprete a Hind ni escenas de lo que vivió dentro de un auto asediado por el ejército mientras estaba rodeada de los cadáveres de sus familiares. Los audios y las actuaciones deliberadamente erráticas son suficientes para que el punto se escuche fuerte y claro. Con un estilo visual que recuerda al de Paul Greengrass, sin música dramática que ensucien las imágenes y una intención genuina de que todo el mundo conozca los detalles de esta atrocidad, Ben Hania entrega una obra absolutamente relevante y simplemente nos pide empatía ante el sufrimiento humano. Un llamado al sentido común. Un lamento que debe escucharse por siempre.










Hola, me pareció una buena película.
¿Le darías el Óscar?