Ron Howard es un director que se ha embarcado, casi siempre por encargo, en todos los géneros —desde el melodrama hasta la ciencia ficción—, con un objetivo en común: ensalzar la condición humana; su parte más oscura no está en su imaginario. Por eso resulta extraño que el estadounidense esté detrás de Edén (Eden, 2024), un thriller de supervivencia basado en un misterioso hecho real cuyo desenvolvimiento alude a la naturaleza más sombría del individuo. La sensibilidad del director y el tono no parecen ajustarse en ningún momento a lo salvaje de este relato, lo que da como resultado una película que coquetea constantemente con el ridículo, la irrelevancia y lo irritante.
La trama se basa en la aventura de un grupo de colonos alemanes que, antes de la Segunda Guerra Mundial, se instalaron en las Galápagos para escapar de las pretensiones de la burguesía y comenzar una nueva vida. El guion de Noah Pink se ancla al nihilismo desprendido de Nietzsche, la muerte de Dios y la misantropía. ¿Amar al vecino o escapar de él? Jude Law —con un estilo algo caricaturesco— interpreta a Ritter, un intelectual tratando de crear una utopía personal con su esposa, Dore (Vanessa Kirby). Las cosas se complican cuando otros le siguen los pasos, lo que da pie a una dinámica muy similar a la de El Señor de las Moscas (Lord of the Flies, 1990). Solo el más fuerte sobrevivirá, o quizá el más astuto.

Uno de los mayores problemas que tiene la cinta es la forma en que Howard utiliza a su talento, que también incluye a Ana de Armas, Sydney Sweeney y Daniel Brühl. El aspecto más criticable, sin duda, es el acento de los personajes, que resulta un distractor de principio a fin. Además, de Armas, parece estar en una película completamente distinta en un plan Cruella De Vil; su estrambótica actuación pretende denotar la inconsencia e insolencia de una baronesa no apta para sobrevivir en un entorno como ese; sin embargo, el tono y el rumbo hacia el que su personaje dirige la historia nunca consiguen convencer. A pesar del cierto grado de tensión que generan las fricciones entre vecinos, el trabajo de Pink y de Howard no logra que el espectador se involucre con estos sujetos o se identifique con sus ideales.

Edén tiene varios momentos de crudeza —hay por ahí algunos asesinatos y una desesperante escena de parto— y un par de planteamientos interesantes sobre si realmente es posible darle la espalda a la sociedad. La cuestión es que ni Howard ni Pink encuentran un trasfondo más palpable para la violencia y la perdición aquí desplegadas. Además, que los personajes que se mueven en los silencios, como el de Sweeney y el de Kirby, luzcan como los más atractivos emocionalmente hablando y no reciban más atención es otra prueba del enfoque desacertado del relato. Howard, al final, opta por obviedades, y aunque se le debe aplaudir su intención de retarse creativamente, Edén simplemente deja en claro que la oscuridad no es lo suyo.
Edén está disponible en Prime Video.









