Que no se pierda la bonita tradición casi anual de tener alguna representación de Drácula en el cine o la televisión. La explotación del mítico personaje de Bram Stoker ha sido excesiva en esta década, pero todas estas versiones palidecen, irónicamente, ante la “no oficial”: el remake de Nosferatu (1922), a cargo de Robert Eggers.