Hay quienes dicen que el llamado “terror elevado” le ha hecho mucho daño al género: “El monstruo como una metáfora de…”; “la transformación corporal como una alegoría de…”; “el ente como una representación intangible de…”. Le haya hecho mal o no, lo cierto es que la tendencia ha llegado a algunos niveles ridículos y derivativos